03 Feb «Un matrimonio sin filtros»
Entre lágrimas y reproches se consuelan sabiendo que, al no tener hijos ni mascotas y ni siquiera un coche en común, podrán marcharse sin más, dando un portazo con un clásico: “Yo ya no quiero nada tuyo”. Pero hay un pequeño detalle en el que no habían caído. Ese portazo hay que darlo con una puerta. Y esa puerta pertenece a una casa. ¡¡¡Y esa casa… es la casa de los dos!!!